Además había comprendido que en verdad no son los dictados del intelecto los que condicionan el devenir de la existencia humana, sino ciertos impulsos ingobernables, viscerales, intuitivos, productos del subconsciente; que la moral del creador mantiene un difícil equilibrio sobre la cuerda floja de su propia autoestima, pues el ego está por encima de cualquier consideración exógena, y que en las estancias por donde pulula el genio, hay siempre una puerta hacia la locura que basta abrir para precipitarse en ella. A partir de estas consideraciones comenzó a crecer mi interés por la psicología.
La història entre Friedrich i Lou, com la història entre Fernando i Ofèlia, o la història entre Vogelfrei i mouchette... són històries que amaguen massa preguntes la resposta de les quals només pot ser literària.



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