19.5.06

La historia más bella...

LA HISTORIA + BELLA

Estimado Evelio:

Debo suponer que Vd. es joven o imbécil, aunque ambas cosas no son en absoluto incompatibles: se puede ser joven e imbécil al mismo tiempo sin ningún problema, suele ser lo más normal. La juventud es un defecto que, por suerte, se mitiga con la edad. La imbecilidad, en cambio, ya es harina de otro costal porque, a menudo, los años no hacen más que empeorarla. Digo esto a tenor de su "cartita" al director publicada en LV este lunes pasado. Tela marinera. Me duele en el alma que Vd. sea colega de fatigas profesionales. Un profesor de filosofía no debería pecar de tamaña candidez. Vd. ya empieza fatal: La profesión por excelencia... ¡No me joda, Evelio! No hay profesiones por excelencia, sino profesiones a secas, curros, trabajos variopintos y diversos como variopintos y diversos son los quehaceres humanos. ¿O acaso se cree Vd. superior, autosituado en la cúspide de la República platónica? Luego va y me toca los bemoles citando a Sócrates, porque este griego no es mártir de mi devoción: un suicida papanatas que escuchaba voces. Además, tenía entendido que el famoso "daimon" era socrático, que no platónico. ¿Hace mucho, Evelio, que se licenció? ¿En la Central o en la Autónoma? ¿O, a lo peor, en la de Girona? Pero cuando se pone estupendo es después de citar al de Königsberg: Hay algo lleno de dignidad y amor en la sublime función... ¡Qué lirismo, Evelio, qué derroche! Sin duda, me quedo con el último parrafito de su cartita de marras. Lo de las manos llenas de tiza, las austeras paredes, el pequeño milagro, la mente esponjosa (¿esponjiforme?), sembrar una idea, enmudecen la leyes, respira la palabra... Le aseguro que me embelesa su arrobado discurso melifluo, una angelical visión que lamento no compartir con Vd. ni borracho de cubalitros. Dudo mucho que su Arcadia exista ni siquiera en Artés. A lo sumo se la admito como ens rationis ficticio, y con grandes dosis de vaselina. ¡Venga, hombre, cuéntele esa "bella historia" a su abuela a ver si se la traga! Que conste que le habla un humilde profesor de filosofía con 17 cursos ininterrumpidos ejerciendo en la enseñanza pública del área metropolitana. Ahí queda ESO. Y le aseguro que lo que Vd. vende me suena a chino mandarín, cuando no a timo de la estampita. Mire, Evelio, con todos mis respetos, si se siente inspirado después de la caladita al porro, escriba poemas becquerianos y déjese de cartitas a los periódicos. La poesía es más agradecida, lo admite todo, soporta metáforas, metonimias y otras figuras retóricas, incluso flagrantes contradicciones y peticiones de principio. Vd. es un poeta como la copa de un pino. No entiendo todavía cómo acabó en Artés explicando filosofía a adolescentes a los que les importa un bledo Sócrates, Platón, Aristóteles, Kant... ¿O también es adicto al Prozac? Lo digo por lo rosáceo de su escrito. ¿Todavía no ha pillado la baja? En mi departamento ya vamos por la sustituta de la sustituta de la sustituta de una compañera de historia que también escribía cartitas al director muy en su estilo, Evelio, un estilo a mi juicio infumable. (Por cierto, que tengo una duda metafísica: ¿Por qué todas las sustitutas que nos envían son tan feas? ¡A cuál peor!). En fin, Evelio, no se tome mi réplica muy en serio. Ha sido un entretenimiento inocuo que me he buscado mientras mis sufridos alumnos de 2BTX estaban haciendo el examen final de recuperación. Los pobrecitos van a ir pronto a la selectividad. Entre nosotros, reconozca que su cartita era harto provocadora. Yo, a la primera lectura, la tomé como una ironía genial. Ahora, releída y diseccionada con el escalpelo, constato que de ironía nada de nada, lo cual es bochornoso. De todas maneras, no se desanime, Evelio, que quizás un día su "bella historia" se hace realidad y ese "pequeño milagro" surge entre Vd. y una alumna aventajada de esas que enseñan el tanga con absoluto desparpajo... Entonces (si se da el caso y Vd. penetra y siembra como es debido), le deseo de corazón toda la suerte del mundo, que sean felices y coman perdices con el beneplácito de su admirado Sócrates.

Atentamente,