― Todos los días deberíamos perder algo y descubrir que no sucede nada. Así comprenderíamos que vivimos atados a cosas innecesarias.Juan Luis aplicaba el mismo razonamiento a sus relaciones sentimentales. Cada vez que se producía una ruptura, experimentaba alivio y cierta euforia.― Se ha acabado todo. Recobro la libertad. Ya no tengo que responder a las expectativas de otra persona. Puedo hacer lo que me dé la gana y fracasar sin preocuparme de los reproches y las caras de perplejidad.― ¿No estás apenado? ― le preguntaba.― Claro que sí. Nunca es agradable romper con tu pareja. Pierdes algo esencial. Es como si muriera una parte de ti mismo, pero cada vez que sucede siento que he dado un paso hacia delante.― ¿Un paso hacia delante? ― No te entiendo.― Un paso hacia delante para mí es desprenderme del lastre que acumulamos al vivir. Los afectos son un lastre. Las creencias son un lastre. No hay que depender de los otros. No hay que aguardar nada. Lo extraño es vivir, saber que estás aquí, pero que algún día no estarás y, sin embargo, esperar el desenlace que acabará con todo: lo que eres, lo que podrías ser, los recuerdos, los miedos, los escasos momentos de felicidad. Si no tienes nada, si nadie te espera, si no te sientes vinculado a otra vida ni a los bienes materiales, resulta más fácil partir.― ¿Partir hacia dónde? ¿Crees que hay algo después de la muerte?― No, rotundamente no. La muerte es una liberación. Al morir, no perdemos nada. Al contrario, se acaban todas las incertidumbres.Rafael Narbona, Miedo de ser dos, cap. 16
"La esperanza es hija de la ternura"



