Hubo suicidio de aves y otras constelaciones ignotas que ocultaron la verdadera esencia de lo absoluto. En el centro de la habitación oscura, donde duele la vida, me entretuve un rato largo hasta que nadie se acordó de despertarme. Dime, dímelo tú, hada informe, ¿cuánto tiempo tendré que recordar mis pecados? A veces callo para que el silencio no se enoje. Hace años tuve hambre de todo y ahora me vomito a mí mismo. La luna era niña. El tren se puso delante. Con lo que me queda voy a tejer un nuevo fracaso. Mañana me volveré aún más loco y nadie, ni mi madre, ni mi hija, ni tú, que meces mi corazón con tus besos profundos, podrá reconocerme. Pedazos de mi esparcidos sobre las baldosas. Aire viciado en el ascensor que desciende hasta el infierno. Anduve junto al canal al atardecer y todos los nogales parecían tristes. Dame la mano para que no vuelva a levantarme. Tú sabrás qué hacer con mi piel cuando no la riegue la sangre. Ahora debería dormir. Otra noche menos antes del veredicto. Las...