Dejo la máscara colgada de la percha del recibidor. Como el sombrero y todo el pasado. Como los juicios automáticos y aquellas estúpidas quimeras que me convirtieron en un pirata cojo y ciego. No. No soy eso que soñaba. No quiero ser nadie ahora mismo. No voy a serlo. Tal vez el brillo de la llama en la madrugada. Tal vez la ternura que se desliza sobre tu piel tatuada. Dejo la máscara y callo. Hablar demasiado es síntoma de inseguridad. Callo mil veces y recallo. Para vivir no hacen falta tantas palabras. Dejo la máscara colgada en la percha mientras me desnudo de mis fantasmas. Hay un susurro que emerge de lo profundo del alma y quiere hacerse carne, carne y sangre, carne y alba. Llaman futuro a la cobardía presente. Febrero es verano entre tus brazos. Nacen flores en las esquinas más insospechadas. Las piedras aspiran a lo más alto. Como nosotros: agua con agua, transparentes, sombras blancas Sé que puedo ir más lejos de mí mismo, serme y sorprendrerme todavía más, abrir ...