Veo estrellas cayendo sobre nuestras alas, fugaces como lo eterno que se disfraza de anécdota. Brazos abiertos de par en par, corazones abiertos, valles fecundos, cimas nevadas, tú y yo sobrevolando los Andes y los Himalayas. Ahora mismo, en este instante preciso, somos perfectos y amamos perfectamente. Porque el amor siempre es perfecto si es verdadero. Luego está el simulacro de los egos que planean estrategias o telas de araña o jaulas doradas… Seremos siempre jóvenes si aprendemos a nacer cada día como nace el sol cada mañana. Siempre jóvenes viviendo primaveras sin fin, floreciendo sin miedo, refloreciendo de las cenizas. Porque fuimos cenizas y ahora somos cielo. Veo estrellas cayendo sobre nuestras alas. Despiertos. Más despiertos que nunca. Subimos las escaleras que conducen al misterio. Y habrá misterio en el tacto, en el vuelo, en el andar paralelos, en la distancia que separa un labio del otro… Quiero ese misterio, lo quiero sin comprende...