― Todos los días deberíamos perder algo y descubrir que no sucede nada. Así comprenderíamos que vivimos atados a cosas innecesarias . Juan Luis aplicaba el mismo razonamiento a sus relaciones sentimentales. Cada vez que se producía una ruptura, experimentaba alivio y cierta euforia. ― Se ha acabado todo. Recobro la libertad. Ya no tengo que responder a las expectativas de otra persona. Puedo hacer lo que me dé la gana y fracasar sin preocuparme de los reproches y las caras de perplejidad. ― ¿No estás apenado? ― le preguntaba. ― Claro que sí. Nunca es agradable romper con tu pareja. Pierdes algo esencial. Es como si muriera una parte de ti mismo, pero cada vez que sucede siento que he dado un paso hacia delante. ― ¿Un paso hacia delante? ― No te entiendo. ― Un paso hacia delante para mí es desprenderme del lastre que acumulamos al vivir. Los afectos son un lastre . Las creencias son un lastre. No hay que depender de los otros...