29.3.11

Weltuntergang


Vi volcanes nevados justo antes del apocalipsis
Niños prodigio bebiéndose su propia sangre
Humaredas de ciudades anónimas devastadas por el fuego anónimo
Bosques exhaustos con pájaros exhaustos que chocaban contra los cristales y morían con los ojos abiertos y las alas plegadas
Nubes radioactivas que barrían las nubes antiguas para llover polvo amarillo sobre los tejados
Flores minúsculas donde los colibrís succionan néctar delicioso
El púrpura de los atardeceres australes frente al océano

Vi muñecas de trapo gritar como si fueran violadas
Pies descalzos y fríos caminando sobre cenizas
Ojos ciegos, henchidos de niebla, antesala de la perdición
Árboles milenarios susurrando versos efímeros
Volúmenes escritos en alemán donde se sostienen tesis inverosímiles

La Reina del Arco Iris me abrazó en el ombligo del mundo
Mi cabeza sufrió cuatro heridas como despertares
El Nahual anduvo todas las noches a mi alrededor

Escuché el croar de la rana bajo la leña
Hongos sagrados alimentaron mi espíritu
Volé como el cóndor sobre la cordillera

Antesala del final, preludio de lo inevitable, la tierra tembló y el mar levantó su dominio
Nadie reaccionó, apenas tuvieron tiempo de mascullar una oración medio olvidada que aprendieron cuando niños

El viejo mapuche dio el aviso: “Se acerca la hora de la verdad, estamos en manos de Kai Kai Filu
Yo andaba por el cerro Ñielol de Temuko con una machi que me enseñó los Chemamül
Avanzamos por el sendero bajo los kopiwes hasta las raíces profundas del koywe
Le regalé una flor de sangre para que se la prendiera en su cabellera de azabache, pero recordó la triste leyenda y al tiro la rechazó

Encendí la última hoguera para la última noche
Dormir, ¿para qué dormir si todo es pesadilla?
¿Para qué otra guerra si el destino es desatino?
Comí hasta el último grano de arroz antes del amanecer glorioso
Enloquecieron las órbitas de los sistemas solares
El Hombre Pájaro se dispuso a emprender el vuelo
En lo alto, Make-Make contemplaba con ojos gigantes

No es miedo lo que siento, sino respeto
Oscura es la ventana que se abre al mañana
Tan lejos de mi mundo, al otro lado del mapamundi
La Tau me condujo hasta aquí y ahora sé que es Soma
Roja la sangre, rojo el sombrero, roja la cabaña donde me cobijo de la miseria espiritual de Occidente

No habrá almas para tan pocas cruces
144.000, ni uno más ni uno menos
Rugen los motores, aullidos de lobos hambrientos que acechan
Llegó la hora suprema

Saqué el ocho de copas: abandono de lo material, un peregrino vestido de rojo decide buscar en la montaña las cosas que no encuentra en ese mundo, dejando atrás sentimientos y afectos, saltando a la otra orilla, la del compromiso serio y veraz, de la que no se puede volver y, mientras los demás piensan que se perderá en la noche, él, apresuradamente, va en busca de la aurora.

Todo está escrito