Són les 8:17 i el sol surt pel far de Cap de Creus. S'omple la casa de llum i l'ànima també. És tan emocionant pensar que puc viure aquest miracle cada dia, sempre igual i sempre diferent, amb mil i un matisos, com els petons. Déu m'acarona amb els seus dits càlids. Sento com batega la vida infinita, la seva música profunda, la veritat, la bondat i la bellesa de tot plegat. Non sum dignus. I piulen els ocells. La mar avui és una donzella encara endormiscada. Si hagués de ser un color, seria daurat, però no és pas un color, sinó una pau intensa, com si després de molts anys cercant sense parar, per fi hagués trobat l'indret exacte dels meus somnis, i pogués descansar. Abans de ser cendra, cremaré aquí amb plena consciència de ser qui he de ser. Abans de ser cendra, seré mots i seré llum amb la llum eterna de l'univers.

Comentaris
Estás como purificado, sereno, en paz...y feliz!!!!
Cuánto me alegro de "verte", así!!!
Como te lo digo siempre, respira hondo, siente el amor que te inunda y VIVE!!!
Abrazo, amigo...
Javier
Javier
El ciprés y el olivo son muy nuestros.
El primero, muy fálico y muy Yang, es el árbol de la Vida, siempre verde y longevo, resistente, de madera incorruptible, plutónico, propio de cementerios donde simboliza la inmortalidad y la resurreción. Antiguamente, la presencia de un solo ciprés informaba al viajero de la posibilidad de habituarse de agua en ese punto. Dos cipreses significaba que disponía de comida y tres o más cipreses que era un centro de reunión con dormitorio o un lupanar disponible. (precisamente, hace dos días, un mochilero egipcio que andaba por el camino de ronda me pidió agua). Aquí por el Empordà plantan hileras de cipreses como cortavientos, contra la temida tramuntana... Y para acabar, se contruían barcos con ellos. Era la madera preferida de los vikingos.
Sobre el olivo.... qué decir? Es para los mediterráneos lo que el roble para los celtas. Noé, Atenea, el huerto de los olivos, paz, prosperidad, amistad.... Y su aceite virgen extra prensado en frío.... Oye esto: consta que en el 1264 (700 años antes de nuestro nacimiento) los tamplarios trajeron las arbequinas desde Tierra santa hasta les Garrigues!!!
Aunque parezca que los árboles te quiten panorámica, dan una mejor vista. Son partícipes presentes de lo que ves, y de no tenerlos - y como ya los has conocido - los echarías de menos.
Un abrazo,
Javier